¡¡¡ B I E N V E N I D @ S !!!


El objetivo de este blog es la orientación familiar en Habilidades Sociales, es decir, está dirigido a padres (preferiblemente de adolescentes)con el fin de informar sobre todo lo relacionado con dichas habilidades, así como de su importancia y de las estrategias necesarias para fomentarlas en el núcleo familiar.



LA PUBERTAD





        Para muchos autores la pubertad es un período que incluyen dentro de la adolescencia.

        Para otros, en base a una mayor clasificación de los períodos evolutivos, y debido a que pubertad y adolescencia pueden diferenciarse claramente, los contemplan como dos períodos evolutivos cuyas características diferenciadoras se resumen en:

• Pubertad. Período de los 12 a los 15 años aproximadamente que se caracteriza por la presencia de transformaciones físicas “espectaculares”.

• Adolescencia. Período de los 15 a los 19 años aproximadamente. En él, podemos observar unas transformaciones psicológicas “especiales”.

        En resumen, y sea la pubertad considerada como una etapa dentro de la adolescencia o como un período evolutivo distinto, podemos considerarla como un período clave de transición entre la infancia y la adolescencia. Durante éste, se producirán en nuestros hijos  transformaciones físicas importantes, que pueden llevar más adelante, en la adolescencia, también a cambios psicológicos significativos.



LA PUBERTAD COMO MADURACIÓN
FÍSICA Y SEXUAL
        La pubertad es un proceso biológico que se caracteriza, como ya hemos dicho, por una serie de cambios que transforman al niño/a inmaduro/a en una persona sexualmente maduro/a.

        Empieza cuando el hipotálamo (un centro de control del cerebro) libera un mensaje hacia la hipófisis (glándula del cerebro que realiza, entre otras funciones, la producción de la hormona del crecimiento) para que libere la hormona gonadotrópica, la cual estimula la producción hormonal que tiene lugar en los adultos de ambos sexos. Como respuesta, los ovarios de las chicas empiezan a secretar estrógenos y los testículos de los chicos andrógenos. Comienza entonces la transformación. Tiene lugar un repentino aumento en la producción de hormonas y el/la niño/a entra en la pubertad.

        Las gónadas y las glándulas adrenales secretan hormonas sexuales directamente a la sangre: crean un equilibrio que incluye más andrógenos en los chicos y más estrógenos en las chicas. Estos nuevos niveles hormonales conducen directamente a extraordinarios cambios físicos en la pubertad, y al cabo de unos cuatro años (de los 12 a los 15 años, aproximadamente), el cuerpo del niño/a se transforma en el de un adulto. Ella o él ya son maduros sexualmente, pero la secreción hormonal continúa aumentando a lo largo de la adolescencia y en la etapa adulta temprana, llegando a su cumbre a los 20 años.

        Aunque hablamos de la pubertad como si fuera un proceso apacible y único, ésta es en realidad una serie de acontecimientos físicamente intensos. En la pubertad comienza la transformación del niño/a en un ser funcionalmente sexuado y capaz de reproducirse. Por este motivo, aparecen la primera menstruación y la primera eyaculación. Aparece también un crecimiento físico espectacular, un estirón brusco.

        Los jóvenes evolucionan con estos acontecimientos a ritmos distintos; por ejemplo, mientras una chica desarrolla completamente el pecho en dos años otra lo hace en cinco. Por otro lado, todos estos hechos no tienen por qué aparecer siguiendo un orden o secuencia única, por ejemplo, puede darse el caso de que una chica cuyo vello pubiano le crece más lentamente que a la mayoría, el pecho puede crecerle, sin embargo, más rápidamente. Esta falta de armonía produce una tendencia de crecimiento conocida como “Asincronía en el índice de crecimiento”.

        Puesto que la pubertad se caracteriza por un crecimiento no uniforme, puede darse que en algún momento de la maduración algunas partes del cuerpo pueden ser desproporcionadamente grandes o pequeñas con lo que esto puede repercutir en la imagen que tienen nuestros hijos de sí mismos. Ej.: los jóvenes a veces se quejan de que sus manos y pies son demasiado grandes.

        A medida que continúa el crecimiento, las proporciones del cuerpo tienden a armonizarse. La pubertad es por tanto generadora de desequilibrios orgánicos pasajeros (desencadenados por una gran actividad hormonal) y de posibles tensiones psíquicas causadas por dichas transformaciones físicas a las que hay que prestar atención. A veces, estas transformaciones físicas, no bien entendidas y aceptadas, pueden prolongarse a la adolescencia e incluso a la etapa adulta fraguando problemas psicológicos, algunos como: inseguridad, complejos de inferioridad, falta de autoestima o ansiedad.

        A pesar de que las hormonas son las responsables de los cambios físicos de la pubertad, no se ha demostrado que los cambios en el comportamiento de los adolescentes (siguiente interés sexual o los crecientes problemas relacionales con los padres) estén directamente relacionados con el nivel hormonal; tienen probablemente que ver más con aspectos psicológicos.
        Por este motivo, este desarrollo físico debe ser objeto de especial atención por parte de los padres. Debemos informar a nuestros/as hijos/as sobre las manifestaciones de su propia genitalidad, darle información y explicaciones sobre los fenómenos propios de la sexualidad: menstruación, eyaculación, fecundación, enfermedades de transmisión sexual, etc.

        No obstante, esta información y explicación que les ofrezcamos, puede verse complementada con la dada por expertos en estos temas.

       
        Como ya hemos leído, los cambios físicos no siguen un único orden ni se producen del mismo modo en los chicos que en las chicas. Veamos, qué diferencias existen en la maduración de ambos sexos.





        Lo normal es que la maduración sexual en las chicas comience a los 10 años. La estatura aumenta con rapidez, alcanzando la cumbre del crecimiento a los 12 años y continuando hasta los 15. Sus proporciones van cambiando a medida que sus caderas se ensanchan más deprisa que sus hombros y su cuerpo se va llenando de grasa. Sobre los 10 años, los pezones empiezan a despuntar, la vagina y el útero empiezan a madurar. El vello púbico suele aparecer sobre los 11 y el de la axila a los 14 años.

        Otro cambio que se manifiesta en las chicas es la menarquia o primera menstruación, la cual es considerada como el indicativo de la pubertad o la madurez sexual aunque este acontecimiento se produce relativamente tarde en este período. Sin embargo, la idea de que la menarquia indica el haber alcanzado la madurez de la función reproductiva es una equivocación. Aunque algunas adolescentes pueden concebir poco después de la misma, casi la mitad de las adolescentes no son fértiles hasta pasados uno o dos años más. Este período de infertilidad es más breve en las jóvenes que están bien alimentadas e inactivas, quizá porque la ovulación requiere el depósito de cantidades adecuadas de grasa.

        La reacción de una muchacha a la menstruación depende en gran parte de que haya sido bien preparada para el acontecimiento. Las chicas que saben lo que va a suceder, por lo general suelen tener menos síntomas, incluyendo el dolor, y éstos son menos fuertes que las que llegan a la menarquia sin preparación.

        Otro aspecto importante en la actitud de una joven respecto a la menstruación es en qué momento aparece ésta. Las que empiezan a menstruar mucho antes que sus compañeras tienden a experimentar más sentimientos negativos sobre el proceso que las que tienen su menarquia algo más tarde o “en su momento”.


        El momento en el que llega la pubertad afecta a las percepciones que tanto chicos como chicas tienen sobre sus respectivos cuerpos, aunque de forma distinta. En el caso de las chicas, aquellas que maduran más tarde, gozan de mayor popularidad y se convierten en líderes. Sin embargo, las que maduran relativamente pronto, no gozan de tan buena fama y son más inseguras que las otras, aunque como contrapartida suelen atraer más a los chicos.


        No obstante, sea cual sea el momento en el que llega la pubertad, las reacciones de las chicas parecen estar influenciadas por el ideal cultural de estar delgada, o por el cuerpo “perfecto”.





        Los chicos generalmente empiezan su crecimiento puberal uno o dos años después que las chicas y alcanzan su cumbre hacia los 14 años. Aunque la mayoría llega a su estatura de adultos a los 16 años, otros ni siquiera empiezan a desarrollarse con rapidez hasta esa edad.


        Su patrón de crecimiento es distinto al de las chicas: los hombros de los muchachos se ensanchan más que las caderas y gran parte del tamaño del cuerpo aumenta en musculatura en vez de en grasa. El aumento de la proporción de músculos respecto a la grasa en los cuerpos de los chicos explica la ventaja en fuerza muscular.

        El pene y el escroto suelen acelerar su crecimiento alrededor de los 12 años y alcanzan su tamaño maduro al cabo de tres o cuatro años. El pene se alarga y el glande se ensancha, el escroto y los testículos crecen y cuelgan. Un año y medio después de que el pene comienza a crecer, el muchacho ya puede eyacular semen, pero la producción de esperma ya comenzó tiempo atrás. A eso de los 12 o 13 años, ya se detecta esperma en la orina de los muchachos por lo que pueden engendrar antes de que su estado adolescente sea visible.

        El crecimiento del vello púbico acompaña al desarrollo de los genitales, apareciendo el vello de la axila y la barba unos dos años después.

        Mientras se desarrolla la laringe y se alargan las cuerdas vocales, su voz se hace más profunda. El pelo del pecho es la última característica masculina en aparecer y puede que no se acabe de desarrollar por completo hasta bien entrada la etapa adulta temprana.


        Como ya leímos en líneas anteriores, la maduración física y sexual no se produce al mismo ritmo en todos los jóvenes. Sin embargo, en los chicos ocurre al revés que en las chicas; aquellos que maduran antes que sus compañeros suelen estar más satisfechos con sus cuerpos, quizá porque son más altos y musculosos. Los chicos que maduran pronto tienden a ser más populares y dinámicos en las actividades escolares, y su mayor fortaleza y resistencia pueden realzar su prestigio atlético. Por el contrario, los chicos que maduran más tarde acostumbran a ser más pequeños y débiles, raramente se convierten en líderes y son menos populares.




REACCIONES A LOS CAMBIOS FÍSICOS

        Los cambios físicos espectaculares experimentados por nuestros hijos durante la pubertad conllevan un efecto importante en cómo se sienten consigo mismos. La forma en que ven su cuerpo en estos momentos, ya sea con orgullo, placer, incomodidad o vergüenza, depende en gran medida del contexto psicosocial que le rodea. Por tanto, las reacciones de los jóvenes a la pubertad dependen mucho de los patrones de pensamiento, actitudes y sentimientos sobre la sexualidad que han tenido durante la niñez, de la reacción de sus padres y compañeros (sobre todo del sexo opuesto) a su cambio de apariencia y, también, a la cultura.

        El ser chico o chica influye poderosamente en la reacción de los jóvenes a los cambios físicos que experimentan. Cada cultura define un tipo de cuerpo en particular como atractivo y sexualmente apropiado para cada sexo, con los conflictos que esto puede ocasionar a nuestros hijos en su aceptación y en su autoestima.

        Los púberes aprenden rápidamente las características del cuerpo ideal que gusta a los amigos y al otro género, de las expectativas que tienen la familia y de las imágenes que ven en la televisión, las películas y las revistas (el cuerpo ideal). Estos estilos pueden ser especialmente difíciles de llevar para las chicas. La mayoría de los chicos están orgullosos de su cuerpo, mientras que sólo la mitad de las chicas lo están. De modo que, los adolescentes que no se consideran aceptables o que poseen una baja autoestima pueden angustiarse profundamente por su aspecto, aunque otros los encuentren tan atractivos como la mayor parte de sus compañeros.

        Nosotros, como padres, deberemos estar atentos y tratar el tema con tacto, sobre todo cuando en nuestros hijos se produzcan preocupaciones excesivas que puedan llegar a ser conflictivas psicológicamente.


       

ALGUNAS ANOMALÍAS EN LA PUBERTAD
        El desarrollo del púber y su maduración progresiva no siempre se produce de una manera normal. El proceso se puede adelantar o retrasar excesivamente. En ese caso, podemos hablar de pubertad patológica. Las anomalías pueden ser de diversa gravedad: incurables o, por el contrario, solucionadas fácilmente con un tratamiento conveniente iniciado a tiempo.

        Estas perturbaciones pueden clasificarse en dos grupos: perturbaciones por exceso y perturbaciones por defecto.


Anomalías de crecimiento por exceso

• El gigantismo. Es una anomalía muy rara. Se trata de un crecimiento anormalmente grande debido a un exceso de la hormona del crecimiento durante la niñez, antes de que las placas de crecimiento óseo se hayan cerrado.

No hay que confundir con una estatura alta.



Anomalías de crecimiento por defecto

• El enanismo. Se considera enanismo cuando la estatura es considerable inferior a la normal. No hay que confundir con una estatura baja.






Anomalías de peso por exceso

• La obesidad. Definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. Las causas pueden ser muy variadas (genéticas, metabólicas, inadecuada nutrición,...).





Anomalías de peso por defecto

• La delgadez. Puede ser en muchos casos constitucional, no una enfermedad. En algunos casos, un sujeto puede ser delgado y gozar de muy buena salud, pero en otros puede revelar una enfermedad.

        Conviene diferenciar entre delgadez y anorexia o bulimia (http://www.anaymia.com/). Esta última es una enfermedad de origen psicológico que se caracteriza porque la persona rechaza la comida  debido a una falta de aceptación de su imagen. Se da con más frecuencia en las chicas. Ante un problema de anorexia conviene consultar a especialistas.


Anomalías de la pubertad por exceso

• Las pubertades precoces. El desarrollo hormonal se adelanta a la edad puberal normal. No hay que confundir la pubertad precoz auténtica con un simple adelanto de la maduración.



Anomalías de la pubertad por defecto

Las pubertades tardía. Se considera retraso puberal cuando hay ausencia de aparición de los caracteres sexuales secundarios. En la ausencia de pubertad las glándulas sexuales no se desarrollan y el sujeto queda, por tanto, estéril. Puede aparecer una falta de virilización en los chicos y falta de feminización en las chicas. Puede darse un hermafroditismo.



 LOS CAMBIOS PSICOLÓGICOS EN LA PUBERTAD


ACEPTACIÓN DE LA NUEVA IMAGEN

        Los importantes cambios físicos que se producen en la pubertad tienen una repercusión sobre la vida psíquica del púber. La consecuencia directa del crecimiento en la pubertad es que la percepción de su cuerpo pasa a tener gran protagonismo en su vida psíquica. Los púberes dan una gran importancia al propio aspecto físico. A partir de este momento, la imagen física juega un papel central en la formación de la imagen de sí mismo. Se autodescriben aludiendo única y principalmente a sus rasgos físicos (estatura, fuerza, etc.), También podemos observar como ocupan la mayoría de su tiempo mirándose al espejo y cuidando la imagen.

        Los púberes suelen tener criterios muy idealizados sobre el atractivo y la belleza física. En esta cuestión son muy influenciables por los prototipos sociales que están de moda y por la norma del grupo de iguales. Actualmente el prototipo de muchos chicos es el deportista y atleta, mientras que el de las chicas es la top-model o actriz de series juveniles; tanto unos como otros, extremadamente delgados y que los medios de comunicación (especialmente la televisión) se encargan de difundir.

        El púber suele reaccionar con desconcierto ya que se encuentra en una edad en la que su cuerpo está en pleno proceso de cambios bruscos, rápidos y no sincronizados. El nuevo aspecto físico, muy alejado de sus prototipos de belleza física, le puede causar decepción y disgusto. A algunos púberes les resulta muy difícil aceptarse psicológicamente e integrarse tranquilamente en su grupo. Los continuos e incesantes cambios físicos pueden afectar negativamente al desarrollo de la identidad personal.

        El púber que no se “gusta”, inicialmente reacciona con sentimientos de rechazo hacia “su nuevo cuerpo” y de algún modo se rechaza a sí mismo de forma global lo que afectará negativamente a su autoconcepto. Probablemente pase por estados de ansiedad y sentimientos de inferioridad. En esta etapa debemos trasmitir a nuestros hijos serenidad y paciencia, pues el tiempo hará que los cambios corporales, como las piezas de un puzzle, encajen en un cuerpo adulto.



LA CONDUCTA SEXUAL
        La maduración física supone consecuentemente el desarrollo de la capacidad para la relación sexual y para la reproducción. La aparición de dicha capacidad supone un avance importante en el desarrollo como individuo, pero esto no significa que paralelamente se disponga del conocimiento para el uso responsable de la sexualidad. No cabe esperar que el púber como persona todavía inmadura tenga conductas maduras en el plano de la sexualidad.

       
        Un cambio tan brusco afecta en buena medida al psiquismo del joven, y esto puede observarse en los siguientes rasgos:

        - Pudor ante el adulto y sobre todo ante los compañeros del otro sexo. Aparece la dificultad para comprender el sentido y el alcance que tienen las transformaciones físicas y, por esto, algunos púberes van a vivir el descubrimiento de la sexualidad con vergüenza y pudor retrayéndose de los padres.

        - Coquetería, a veces exagerada, que les lleva a vestir, adornar y resaltar las señales más características de sus atributos femeninos /masculinos (minifaldas, pantalón bajo mostrando ropa interior, maquillaje, piercings,…).

        - Le puede resultar difícil (incluso pueden entrar en contradicciones) hacer compatible los nuevos impulsos y necesidades con las normas morales y sociales que han venido rigiendo su vida. En ocasiones tienen sentimientos de culpabilidad injustificados.

        - Aparece una gran curiosidad en lo relacionado con el sexo que puede resultar, en algunos momentos, obsesiva y morbosa. En esta fase predomina la búsqueda de información sobre el fenómeno de la sexualidad, y las principales fuentes son el grupo de amigos, los medios de comunicación, internet, películas,... Es básico para el joven llegar a esta etapa con una sólida educación sexual familiar que actúe de filtro ante esta abundancia de información, no siempre toda adecuada.

        - Aparece en toda su magnitud el autoerotismo y la masturbación. Es una fase necesaria en el desarrollo de la sexualidad, ya que les ayuda a conocer el propio cuerpo, contribuyendo al desarrollo de aptitudes sexuales.

        - Surgen los primeros contactos sexuales en forma de juegos, caricias tendentes a la exploración y comparación del propio cuerpo con el de los demás.


Algunas pautas útiles que debemos tener en cuenta para acompañar a nuestros hijos en este proceso son:

        Siempre que quiera ampliar una imagen, haga "click" sobre ella.


LA EMOTIVIDAD Y EL MAL COMPORTAMIENTO

        La vida afectiva del púber se caracteriza inicialmente por reacciones de inquietud, ira, miedo, angustia, etc. Esta afectividad primaria, elemental y no evolucionada, está integrada por emociones sueltas y sin control. Víctima de sus emociones, el púber se altera por cualquier insignificancia mostrándose inestable y suspicaz, y cambiando frecuentemente de estado de ánimo.

        Esta afectividad primaria es en parte consecuencia de los cambios físicos (el crecimiento y la maduración sexual) y de las tensiones típicas de la edad (la búsqueda de la independencia), lo que suele provocar fuertes reacciones emotivas y en general estados de hiperemotividad que se manifiesta en forma de ira, llantos, gritos, portazos e incluso conductas agresivas.

        Además, el púber no tiene todavía capacidad para tolerar la frustración. Cuando se siente frustrado en alguna meta personal (aspecto físico, éxito escolar, amistades, vida familiar…), suelen aparecer estados de retraimiento, incomunicación, abatimiento, culpabilidad y tristeza.

        Otra forma de evadirse de esa realidad que le agobia es la ensoñación, refugiándose en un mundo fantástico creado por él mismo, hecho a su medida. Estas conductas pueden llevar al aislamiento y a que se encierre en sí mismo y a su vez, que se sienta culpable y avergonzado.

        Por todas estas razones, el púber necesita ser aceptado, comprendido, estimado y/o querido. Necesita afecto y reconocimiento, por lo que sufren ante las carencias afectivas que pueden percibir en sus relaciones de amistad e incluso en su familia.



EL DISTANCIAMIENTO DE LA FAMILIA: EL PAPEL DEL GRUPO DE AMIGOS 

        En la infancia, los niños se mueven en un mundo muy reducido y cerrado: toda su vida gira en torno a nosotros (sus padres), a la familia extensa y la escuela.

        Los niños confían en sus padres, tienden a imitarlos y buscan su protección y aprobación. Son su principal punto de referencia y de apoyo en el comportamiento diario y su primera fuente de seguridad personal. Al niño le encanta estar en casa y con sus padres y, para él, estos “lo saben todo”. Los padres sienten que son el centro de la vida de sus hijos.

        Con la llegada de la pubertad esta relación cambia radicalmente. Casi sin darnos cuenta, los hijos cambian la casa por la calle y a los padres por los amigos o compañeros.

        Este cambio es señal y condición de la maduración personal que nuestros hijos tienen que hacer para convertirse en ser social. Después de los doce años, el chico o la chica sienten la necesidad de buscar un espacio de relación social más amplio que el de la infancia. Tiende a abrirse al mundo extrafamiliar, sobre todo al grupo de personas de la misma edad con las que se identifica. Esto conlleva un distanciamiento de la familia, que se manifiesta de varios modos:

· Disminución de la presencia del hijo en casa (no aparece por casa, la casa se convierte en una “pensión”).

· Descenso de la interacción o contacto con los padres (se encierra en su habitación).

· Dificultades de comunicación (está callado o contesta con monosílabos y siempre como molesto). El hijo pretende escapar de la tutela ejercida por los padres, de la sumisión propia de la infancia, y encontrar un nuevo marco social que le permita actuar con autonomía: el grupo de iguales.

· Etc.



        El motivo inicial que mueve al púber a volcarse en el grupo de iguales, es una necesidad psicológica de pertenencia y de identificación con su nuevo status de “mayor”. En ningún caso debemos pensar que sea producto del deterioro de los vínculos familiares, o de que los hijos ya no quieren a sus padres, como muchos/as solemos pensar.

        En esta edad, el grupo tiene para el joven un valor formativo y de desarrollo: la vida en el grupo de iguales es el principal medio de socialización en esta etapa ya que hace posible aprender y experimentar nuevos roles, probarse a sí mismo, desarrollar actitudes positivas para la convivencia (cooperación, solidaridad, etc.). Supone un medio importante de ayuda para configurar la propia identidad y para madurar en el campo afectivo. Los jóvenes ven al grupo como una comunida de gente con ideales similares.

        Empiezan a organizarse en “pandillas” que se caracterizan por tener actividades o aficiones similares y por la exclusión de “extraños”. El sentido de la pertenencia a un grupo exclusivo reafirma el sentido de seguridad a nivel social y facilita la “necesaria” separación de la familia y la formación de la identidad.

        En este ambiente de grupo surgen dos conductas habituales. Una de ellas es el conformismo (pensar como la mayoría): se acatan ciegamente los gustos y modos de vida que rigen en el grupo. Otra de ellas, es el gregarismo (comportarse como los demás): las experiencias de vida grupal dificulta mucho el estilo de vida personal.

        En la subcultura del grupo de iguales, los valores supremos son la naturalidad, espontaneidad y la informalidad. Por tanto, todo lo convencional tiende a ser rechazado; incluidas la urbanidad, la cortesía, los buenos modales, el buen lenguaje… Para el grupo, todo esto son solamente convencionalismos, comportamientos artificiales que carecen de sentido y de valor.

        En algunos casos esto puede dar pie a un mal comportamiento sorprendente y desconocido para los padres hasta entonces en su hijo/a. Es entonces cuando aparecen los malos modales, las impertinencias o incluso rebeldía, provocaciones y faltas de respeto.

        Como veremos en el siguiente tema, a medida que los jóvenes se adentran en la adolescencia irán desarrollando otro tipo de recursos, gracias a la maduración, que favorecerán una conducta más personalizada e individual sobre todo en el ámbito de la amistad y el amor. Los adolescentes más adultos van a ir descubriendo que tener amistades individuales –ya sea con el mismo sexo o el contrario– es más importante y gratificante que ser uno más de una pandilla.



E  C  U  E  R  D  A






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